Jer20 - kzu/VocabularioTeologiaBiblica GitHub Wiki
El Antiguo Testamento
JEREMIAS
Capítulo 20
El sacerdote Pasjur, hijo
de Imer, inspector principal de la Casa del Señor, oyó a Jeremías profetizar
estas cosas.
Entonces mandó golpear a
Jeremías, el profeta, y lo hizo poner en el cepo que está en la puerta Alta de
Benjamín, en la Casa del Señor.
Pero a la mañana siguiente, cuando Pasjur
sacó a Jeremías del cepo, este le dijo: «El nombre que dio el Señor no es
Pasjur, sino «Terror por todas partes».
Porque así habla el Señor: Yo haré que seas
presa del terror, tú y todos tus amigos; ellos caerán bajo la espada de sus
enemigos, y tú lo verás con tus propios ojos. Y yo entregaré a todo Judá en
manos del rey de Babilonia, que los deportará a Babilonia y los herirá con la
espada.
Todas las riquezas de esta ciudad, todas
sus ganancias y todo lo que hay de precioso en ella, junto con todos los
tesoros de los reyes de Judá, los entregaré en manos de sus enemigos: ellos los
saquearán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia.
En cuanto a ti, Pasjur, tú y todos los que
habitan en tu casa irán al cautiverio: llegarás a Babilonia y allí morirás, y
allí serás enterrado, tú y todos tus amigos a quienes les has profetizado
falsamente».
¡Tú me has seducido,
Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy
motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí.
Cada vez que hablo, es para gritar, para
clamar: «Violencia, devastación!». Porque la palabra del Señor es para mí
oprobio y afrenta todo el día.
Entonces dije: «No lo voy a mencionar, ni
hablaré más en su Nombre». Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado
en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía.
Oía los rumores de la gente: «¡Terror por
todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!». Hasta mis amigos más
íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre
él y nos tomaremos nuestra venganza».
Pero el Señor está conmigo como un
guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer;
se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al
justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!,
porque a ti he encomendado mi causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él
libró la vida del indigente del poder de los malhechores!
¡Maldito el día en que nací!
¡El día en que mi madre me dio a luz jamás sea bendecido!
¡Maldito el hombre que dio a mi padre la
noticia: «Te ha nacido un hijo varón», llenándolo de alegría!
Que ese día sea como las ciudades que el
Señor destruyó sin arrepentirse, que oiga gritos por la mañana y un alarido al
tiempo de mediodía,
porque no me hizo morir desde el seno
materno: ¡así mi madre hubiera sido mi tumba y su gravidez hubiera durado para
siempre!
¿Por qué salí del vientre materno para
no ver más que pena y aflicción, y acabar mis días avergonzado?