2Tim4 - kzu/VocabularioTeologiaBiblica GitHub Wiki
El Nuevo Testamento
SEGUNDA CARTA A TIMOTEO
Capítulo 4
Yo te conjuro delante de Dios
y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de
su Manifestación y de su Reino:
proclama la Palabra de Dios,
insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia
incansable y con afán de enseñar.
Porque llegará el tiempo en que los hombres
no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus
inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros
que les halaguen los oídos, y
se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas.
Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta
todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la
perfección tu ministerio.
Yo ya estoy a punto de ser derramado como
una libación, y el momento de mi partida se aproxima:
he peleado hasta el fin el buen combate,
concluí mi carrera, conservé la fe.
Y ya está preparada para mí la corona de
justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a
mí, sino a todos los que hay aguardado con amor su Manifestación.
Ven a verme lo más pronto posible,
porque Demas me ha abandonado por amor a
este mundo. El se fue a Tesalónica, Crescente emprendió viaje a Galacia, y
Tito, a Dalmacia.
Solamente Lucas se ha quedado conmigo.
Trae contigo a Marcos, porque me prestará buenos servicios.
A Tíquico lo envié a Efeso.
Cuando vengas, tráeme la
capa que dejé en Tróade, en la casa de Carpo, y también los libros, sobre todo,
los rollos de pergamino.
Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho
daño: el Señor le pagará conforme a sus obras.
Ten cuidado de él, porque se opuesto
encarnizadamente a nuestra enseñanza.
Cuando hice mi primera defensa, nadie me
acompañó, sino que todos me abandonaron. ¡Ojalá que no les sea tenido en cuenta!
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome
fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a
oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me
preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la
gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Saludos a Prisca y a Aquila, y a la
familia de Onesíforo.
Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo lo
dejé enfermo en Mileto. Apresúrate a venir antes del invierno.
Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia
y todos los hermanos.
El Señor esté contigo. La gracia esté con
ustedes.